En la ciudad de Buenos Aires, usted contaba con tres medios de transporte: el tren, el subte y el colectivo. Aquí, lógicamente, no hay subte y el trolebús solo circula por el Centro (ciudad de Mendoza). Así que su recurso será el micro (colectivo). Descubrirá que el transporte automotor mendocino tiene su propia manera de defraudar: las frecuencias de los recorridos son escasas y se cortan muy temprano. El boleto es caro y los recorridos son comparativamente cortos. Otro aspecto que deberá tener en cuenta es que no hay fila frente a la parada. Se supone que se sigue una jerarquía, pero solo se deja ascender primero a ancianas y embarazadas; el resto sube al transporte de la forma más desorganizada e indolente que pueda imaginarse.
Deberá reconocerle otro mérito a los mendocinos: con la décima parte de habitantes, y un quinto de las dimensiones de la Capital Federal, han logrado un nivel de caos en el tráfico en hora pico, que poco tiene que envidiar a los porteños. Por lo tanto, resista la tentación de exclamar, ante la queja de una vecina en la fila (llamémosle así) del micro en la esquina de Salta y Garibaldi: “Vo’ pensá’ que esto es embotellarse? Sabé qué? Andá a Buenoshaire a lasquina de Pueyrredón y Las Heras a las sei de la tarde, y vas a ve’ lo que es embotellarse en serio”.
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2 comentarios:
Como pasa el tiempo... ahora se dedica a usted habitar otra provincia, y todo.
Besos.
Vio?
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