martes, agosto 11, 2009

Instrucciones porteñas para vivir en Mendoza III: El zonda

En Cuyo la gente se queja del zonda, así en general. Usted debe tener en cuenta que hablar del zonda es como decir “el bien”, o “el mal” o “lo mejor para todos”: una idea demasiado general e imprecisa. Este viento increíblemente seco, que nace húmedo en el Pacífico y deja toda el agua al otro lado de la Cordillera, se experimenta de tres maneras distintas:
- El zonda en altura. El viento sopla allá en lo alto; no levanta tierra sino que crea una capa de calor que eleva unos 10 grados la temperatura normal del invierno. Si su presión es alta, escóndase y quédese quieto. Si, en cambio, tiende a la baja, aproveche esta incomparable inyección de energía que le permitirá limpiar la casa, lavar el auto y retapizar los muebles en poco más de tres horas. Esto será así hasta que su cuerpo termine su adaptación y usted pase a sufrirlo con dolores de cabeza, como le ocurre a cualquier mendocino promedio.
- El zonda en el llano ajeno. Y el coletazo en el propio. La temperatura sube unos 20 grados, el oxígeno desaparece y a usted no le queda energía ni para desear morirse. Ahora es cuando comienza a entender a los nativos que se quejan.
- El viento zonda en todo su potencial. Si sale a la calle, tiene garantizada una trifulca con alguien tan alterado como usted por el hecho de estar respirando tierra. Es que el viento está soplando bajo y levanta toda la tierra suelta que encuentra a su paso. La leyenda dice que dura exactamente doce horas, pero ya con la mitad de eso se hace insoportable. Lo que sigue es la necesidad de barrer, entre protestas e insultos, todos los ambientes, que se han llenado de tierra. Igual que sus vías respiratorias.