viernes, diciembre 11, 2009

Instrucciones porteñas para vivir en Mendoza VI: La lucha antigranizo

En Buenos Aires el granizo es un problema esporádico para la chapería y pintura de los autos, y no mucho más que eso. En Mendoza, y en todo Cuyo, la lluvia en forma de piedra es un peligro durante la primavera y el verano, porque atenta directamente contra la cosecha de la uva, el olivo y todo lo que crezca en esta tierra que era un desierto y la convirtieron en un vergel.
El tema de la lucha antigranizo pondrá a prueba su amor cuando su pareja le explique que una de las herramientas habituales (junto con las mallas protectoras y el seguro) es el ioduro de plata, que se siembra desde aviones o se dispara desde cañones especiales hacia el cielo para derretir el hielo de las nubes graniceras. Usted, gesto desconfiado y mirada suspicaz, sentirá que con esta explicación se está tomando revancha de la conocida, y resentida, picardía porteña que tanto daño hace a los compatriotas de las provincias. Un daño comparable al del granizo, en cierto sentido. El respeto mutuo se irá al mismísimo zanjón cuando le refieran que en cierto pueblo del sur de la provincia buscaban combatir una invasión de catitas con los cañones y usted estalle de la risa al imaginar a las catitas temblando contra un paredón (“Ladislao, ¿dónde estás?”; “A tu lado, Camila”).
Cállese e infórmese al respecto. Luego, mantenga la mirada suspicaz, que nunca está de más, pero no vuelva a reírse de un asunto tan sensible.

Si nada de lo anterior lo convence, preste atención al sordo ruido que se deja oír a lo lejos, en simultáneo con la cortina de agua que cae casi sin aviso cada cuatro horas, durante cinco días seguidos. No son petardos prenavideños, no.

sábado, octubre 10, 2009

Instrucciones porteñas para vivir en Mendoza V: Los mendocinos son 3D

Con o sin transporte público, lo más probable es que usted se pierda. Pedirá indicaciones que no lo ayudarán, por distintas razones de acuerdo a dónde se encuentre, dado que los mendocinos saben orientar pero no guiar. En la ciudad de Mendoza, con todas las calles bien señalizadas y definidas, las indicaciones serán erróneas hasta el décimo intento, cuando ya haya atravesado varias veces el microcentro y preguntádole a kiosqueros, vendedores de garrapiñada, policías y gendarmes. En el Gran Mendoza, en cambio, le pedirán que siga ciertos puntos de referencia muy precisos y acertados, pero que a usted, extranjero, no le significan nada porque jamás los ha visto.
La situación es lógica si se entienden sus razones. Usted, porteño, carece, en su terreno nativo, de accidentes geográficos que puedan ser un dato orientador en el paisaje. Todo es ciudad, es plano, todo tiene nombre. En la provincia, en cambio, además de la presencia imponente de la precordillera que siempre deja en claro para qué lado queda el oeste, el Área Metropolitana está en un proceso de expansión sobre la viña desde hace algunas décadas. Eso puede explicar en parte la costumbre baqueana de tomar puntos de referencia en vez de nombres de calles. Además, el avance se hace vendiendo y loteando fincas que se inscribirán como barrios con el nombre del viejo propietario del terreno o con el de la asociación gremial o de otro tipo que haya adquirido las tierras. Esto significa calles nuevas cuyos nombres nadie tiene interés en aprender.
Resígnese pero no se rinda. Perderá horas de su tiempo, sí, tratando de llegar a su destino, pero tenga la seguridad de que, una vez que lo logre, lo recibirán con una sonrisa.

miércoles, septiembre 02, 2009

Instrucciones porteñas para vivir en Mendoza IV: El transporte público

En la ciudad de Buenos Aires usted contaba con tres medios de transporte: el tren, el subte y el colectivo. Aquí, lógicamente, no hay subte y el trolebús solo circula por el Centro (ciudad de Mendoza), así que su recurso será el micro (colectivo). Descubrirá que el transporte automotor mendocino tiene su propia manera de defraudar: las frecuencias de los recorridos son escasas y se cortan muy temprano. El boleto es caro y los recorridos son comparativamente cortos. Otro aspecto que deberá tener en cuenta es que no hay fila frente a la parada. Se supone que se sigue una jerarquía, pero sólo se deja ascender primero a ancianas y embarazadas; el resto sube al transporte de la forma más desorganizada e indolente que pueda imaginarse.
Deberá reconocerles otro mérito a los mendocinos: con la décima parte de habitantes y un quinto de las dimensiones de la Capital Federal, han logrado un nivel de caos en el tráfico en hora pico que poco tiene que envidiar a los porteños. Por lo tanto, resista la tentación de exclamar, ante la queja de una vecina en la fila (llamémosle así) del micro en la esquina de Salta y Garibaldi: “Vo’ pensá’ que esto es embotellarse? Sabé qué? Andá a Buenoshaire a lasquina de Pueyrredón y Las Heras a las sei de la tarde, y vas a ve’ lo que es embotellarse en serio”.

martes, agosto 11, 2009

Instrucciones porteñas para vivir en Mendoza III: El zonda

En Cuyo la gente se queja del zonda, así en general. Usted debe tener en cuenta que hablar del zonda es como decir “el bien”, o “el mal” o “lo mejor para todos”: una idea demasiado general e imprecisa. Este viento increíblemente seco, que nace húmedo en el Pacífico y deja toda el agua al otro lado de la Cordillera, se experimenta de tres maneras distintas:
- El zonda en altura. El viento sopla allá en lo alto; no levanta tierra sino que crea una capa de calor que eleva unos 10 grados la temperatura normal del invierno. Si su presión es alta, escóndase y quédese quieto. Si, en cambio, tiende a la baja, aproveche esta incomparable inyección de energía que le permitirá limpiar la casa, lavar el auto y retapizar los muebles en poco más de tres horas. Esto será así hasta que su cuerpo termine su adaptación y usted pase a sufrirlo con dolores de cabeza, como le ocurre a cualquier mendocino promedio.
- El zonda en el llano ajeno. Y el coletazo en el propio. La temperatura sube unos 20 grados, el oxígeno desaparece y a usted no le queda energía ni para desear morirse. Ahora es cuando comienza a entender a los nativos que se quejan.
- El viento zonda en todo su potencial. Si sale a la calle, tiene garantizada una trifulca con alguien tan alterado como usted por el hecho de estar respirando tierra. Es que el viento está soplando bajo y levanta toda la tierra suelta que encuentra a su paso. La leyenda dice que dura exactamente doce horas, pero ya con la mitad de eso se hace insoportable. Lo que sigue es la necesidad de barrer, entre protestas e insultos, todos los ambientes, que se han llenado de tierra. Igual que sus vías respiratorias.

viernes, julio 24, 2009

Instrucciones porteñas para vivir en Mendoza II: Nieve

Del sol radiante y tibio de las cuatro de la tarde a las nubes del atardecer, y luego al minizonda de las diez de la noche.
Un frío inesperado atraviesa el aire.
Usted descubre la existencia de la nevisca, una llovizna de escarcha que dura toda la madrugada.
A las siete, mira por la ventana y ve caer una nieve fina.
A las nueve, el blanco lo cubre todo. Abríguese y salga ver a los niños jugar. Por las calles vacías de un barrio de vida lenta correrán tirándose bolas heladas a la cara.
Cuando anochezca nuevamente, quedarán poquitos muñecos de nieve delante de una ventana, las calles mojadas y algunas postales personales.
Nieve en el patio


¡A la pelotita, qué frío!

jueves, julio 16, 2009

Instrucciones porteñas para vivir en Mendoza I: 1000 kilómetros

Usted ha decidido que Buenos Aires acabó con su paciencia y vale la pena jugarse por un amor. Se procuró una vivienda familiar, consiguió un servicio de mudanza y emprendió el gran viaje de su vida, rumbo a su nueva casa en el Gran Mendoza.
Lo primero que debe hacer es dejar de gritar, por lo que más quiera. Note que el cielo es azul violáceo, el ruido disminuye a medida que se aleja de la Terminal de Ómnibus y se dispone a pasar las próximas décadas a una hora de los cerros precordilleranos.
Entienda que ya no hace falta llenar un vacío desesperante (ese que se le había hecho costumbre) con ruido y edificios: todo su espacio está contenido por la pared montañosa. Guarde respeto y agradezca a esta tierra seca y noble por darle un nuevo hogar.