miércoles, julio 23, 2008

Circulación de un oscuro sentido

Quítese un zapato. Tómelo con su mano hábil. Párese debajo, justo debajo de la lámpara que cuelga del techo. Aléjese unos pasos, de modo que su cuerpo, inclinado hacia la lámpara, forme un ángulo de 80º con el suelo, pero manteniendo a la vez la lámpara al alcance de su mano.
El siguiente paso requiere de usted tanta atención y arrojo como esté dispuesto a dedicar a sus actos temerarios. ¿Cuál será su actitud? ¿Cerrar los ojos, desviar el rostro o agachar la cabeza? Decídalo ahora, porque ha llegado el momento. ¡Pase al acto! Golpee la lámpara con el zapato; el foco estallará en pedazos y usted habrá obtenido lo que deseaba.
Bien, ahí lo tiene. Ya no hay luz. Deje que la oscuridad lo conquiste. Primero, a través de sus sentidos, como es natural. Luego, por su entendimiento. Permítase dudar de todo, porque esta es la ocasión precisa para preguntarse si realmente:
- leyó ese poema con el tono y el ritmo adecuados;
- supo distinguir cuándo el autor de esa novela estaba siendo irónico;
- hizo bien en quedarse;
- se fue en el momento justo;
- compró el modelo más adecuado según la relación necesidad-calidad-precio;
- ha sido fiel a sí mismo.

Notará que lo invade la angustia o alguna de sus alternativas: zozobra, incertidumbre, pánico, desesperación, desesperanza, malestar en la cultura. No trate de resistirse; recuerde que la negación de la angustia conduce a la locura. Tampoco intente huir de la habitación. Entienda que, en estas circunstancias, correr hacia la luz es una decisión propia de cobardes. Permítase atravesar este malestar, y notará que durante el proceso se cruzan en su camino certezas simples e inesperadas, audaces intuiciones y dudas nuevas, complejas e inteligentes. Todas ellas se le pegarán al cuerpo y excitarán sus nervios hasta que encuentre una forma estética de quitárselas de encima.
Ahora sí, considérese inspirado.
Salga de la habitación y contagie a otros.
Repita cuantas veces lo considere necesario.
Unser: espero no haberlo defraudado esta vez.

miércoles, julio 02, 2008

Googie... yo también te quiero

Google asume que soy una persona dada a las sentencias, inflexible y terminante. Sin embargo, encuentra en mí cualidades positivas, como la de tener la capacidad de inspirar a la gente. Es por eso que a un pobre incauto, desesperado, desesperanzado y, sobre todo, falto de alicientes, lo pateó para este rincón cuando pasó por el buscador preguntando por "frases que inspiran". ¿Que inspiran qué, exactamente? Si quiere consuelo, valor, optimismo y fe en la humanidad, no sé qué hace mirádome con esos ojos ansiosos. Porque, la verdad, lo primero que pensé cuando encontré su búsqueda fue esta frase:

La costumbre de la violencia no es un atenuante: es su confirmación y su apología.