jueves, septiembre 06, 2007

Granizo

Cae granizo en la madrugada de Buenos Aires. Me despierta en medio de la noche el golpeteo contra la ventana. Impactos suaves pero firmes, secos y decididos. Como si quisieran entrar.
Me levanto y cierro los postigos. Oigo aún las piedras heladas deshacerse contra la madera. Largos minutos que no me dejan volver a dormir.
No estaba de este lado del país cuando cayó granizo en julio del año pasado. Mi último recuerdo de estas lluvias sólidas se remite a la infancia. No más de 12 años tenía, y miraba, fascinada como siempre, a través de la ventana; las piedritas caían sin pausa y formaban parte de una magia local que poco a poco fue perdiendo su encanto.
Pero la ciudad se resiste a la indiferencia. Adolescente, caprichosa, exige que le preste atención nuevamente, porque tiene algo que decirme:
"No importa lo que hagas,
cuán lejos te vayas;
con mi furia
mi tristeza
la desidia anárquica
y el amor que trepa desde la tierra:
soy perenne.
Mirame.
Aquí estoy y aquí me quedo.
Pueden despreciarme pero nunca olvidarme.
En el recuerdo o frente a los ojos,
donde sea que me lleves,
yo permanezco".

Indignación

La indignación hace crecer. La claridad de saber quién debería, quién no ha sido, a quién se pide, a quién se exige porque corresponde reclamarle: eso es madurez.
Negar derechos básicos es criminal.
http://acostaenlucha.blogspot.com