viernes, noviembre 17, 2006

Movimientos en forma de L

–¿Te gustaría estar en su lugar, verdad?, pregunta él, señalando la foto con la mirada.
Han pedido comida y antes de que él encontrara su billetera, ella ya había pagado al delivery, con una generosa propina además.
–Ey, ¡te me adelantaste!, se rio él. Todavía no se acostumbra. Se siente desconcertado cada vez que ella se desplaza hacia adelante y hacia un costado, como los caballos de ajedrez.
Como sea, él es el hombre y el que propuso el pedido, así que le corresponde invitar. Dice: "Ya te doy la plata" o alguna frase igualmente desagradable, y abre la billetera en la que brilla como un insulto, como un desafío, la foto de su esposa. Es el barómetro con el que el hombre mide la presión en sus relaciones. Cuando ellas comienzan a mostrarse incómodas o irritadas ante el recordatorio del lugar que ocupan en su vida, él sabe que ha llegado el momento de dejarlas.
Lleva largos, largos meses esperando en vano la reacción fatal. Pero ella nunca hará lo que él espera. Al hombre le angustia que la relación pueda extenderse demasiado y sea él, finalmente, quien se involucre, y no se da cuenta mientras piensa en su miedo de que ya se ha extendido demasiado y ya está involucrado y si viera en ella esa mirada maldita y salvadora no es seguro que la abandonaría como ha hecho con todas las que la precedieron. Y que, aunque ella lo enoje, lo maree y decida de la manera más caprichosa alentarle o combatirle los vicios, lo cierto es que no ha mirado a ninguna otra mujer en mucho tiempo. Es por eso que se insulta más de lo que la insulta a ella cuando señala con la mirada la foto de su esposa preguntando:
–Te gustaría estar en su lugar, ¿verdad?
Entonces ella nuevamente toma el desvío a izquierda, salta otra vez por encima de la cabeza del hombre, se mueve en forma de L hacia afuera de toda esa moral burguesa tan ingenua y le responde, con una certeza mafiosa:
–¿Por qué querría eso? Mi lugar es mejor. A mí sí me está permitido ser tu ruina.


Update: Los invito a pasar también por http://itnt.blogspot.com

jueves, octubre 12, 2006

Descubriendo nada nuevo

La libertad termina donde comienza el odio.
(Estoy cansada, disculpen)

jueves, septiembre 21, 2006

Señal de ajuste

Algunos saben que es hora de hacer cambios cuando:
- es más probable que terminen la noche abrazados a un inodoro que al cuerpo de algún ser humano;
- es muy probable que despierten en una habitación que no es la de ellos, en una cama en la que no recuerdan haberse acostado, junto a alguien a quien no logran reconocer;
- lloran y lloran y nadie les cree que están sufriendo;
- es la 45ª vez que hablan del mismo tema en la terapia (y con las mismas palabras);
- los hijos los odian;
- los hijos ni se molestan ya en odiarlos;
- con el triple de sueldo los problemas financieros son exactamente los mismos;
- el teléfono no ha sonado en meses;
- el médico se ha dado por vencido con ellos.

Yo sé que es hora de hacer ajustes en mi vida cuando las opiniones me quedan chicas y los principios, muy grandes.

domingo, agosto 27, 2006

Esperá 10 años y ahí nos vemos

Inspirada en este post de Mantis, vuelvo a este texto que escribí hace tiempo para el sitio anterior (ahora en reconstrucción).


Dicen científicos muy serios que, si no bajamos un cambio con la contaminación, en diez años el daño ambiental se volverá irreversible (www.ciencia-ficcion.com/novedad/futurod.htm) y el cambio climático tendrá efectos tan graves que ya nada será como lo conocemos en el paisaje cotidiano. Como consecuencia, las ciudades no podrán sostener su funcionamiento y se perderá el sostén material de lo que entendemos por civilización. Sabiendo de los problemas primarios, trágicos y lógicos que enfrentaremos entonces (epidemias, hambruna, extinción de especies), me pregunto también qué queda después de la vida en la ciudad. ¿Qué haremos entonces los citadinos ortodoxos, los que pensamos que el gas nace en las hornallas y el agua, en las canillas? Si ya nos angustia olvidarnos el celular en casa y no sabemos qué hacer cuando se corta la luz, ¿cómo soportaremos la idea de que todo lo que necesitaba justamente de la electricidad para ser habrá dejado de existir?
Tendremos que huir de las ciudades, sin tener muy claro cómo ni hacia dónde. ¿Sabremos resignarnos a llevar apenas lo indispensable? ¿Sabremos qué es lo indispensable? Hace una década, algunos niños africanos que erraban por el continente según los vaivenes de las guerras civiles llevaban consigo los libros que habían rescatado de sus hogares perdidos. En los campos de refugiados, si tenían suerte, recibirían agua, comida y remedios, pero nadie recordaría alimentar sus mentes; nadie más que ellos, por otra parte, valoraría los objetos que portaban. Esos chicos sabían por qué lo hacían: la suspensión de la civilización que significaba la guerra civil alguna vez acabaría, o lograrían escapar de ella, y los libros los habrían mantenido de este lado de la cultura. Dentro de diez años, cargar libros sólo tendría el valor de proveerse de combustible, no de material duradero de lectura: ¿cómo protegerlos? ¿Dónde los guardaríamos? Los bienes materiales se vuelven una carga para el nómada, y seremos todos errantes, buscando un sitio menos inhóspito donde cazar o recolectar. Triste ironía: los acostumbrados a la carencia, a la vida rústica y a las condiciones inclementes estarán mejor preparados para el mundo por venir. Sin embargo, serán los últimos en saber que la propiedad privada ha caducado y son libres de trasladarse a donde les parezca que la vida puede serles más fácil. Los de la ciudad, los de la confianza ciega en el precario equilibrio del paisaje humanizado y (como complemento de la acumulación a nivel social) el usufructo de mucho más que lo que individualmente producimos, no sabremos cómo cubrir nuestras necesidades básicas de consumo (alimento, agua, resguardo, energía y abrigo).
Si supiera que me quedan 48 horas de vida, por darme un cortísimo corto plazo, mi plan sería más o menos claro: permitirme alguno de los placeres que anhelo secretamente, saludar a los amigos, llenar a mi hija de besos y decirle cuánto la amo; reír por última vez con mi hermano, agradecer por todo a mis padres y correr a los brazos del hombre de mi corazón para morir a su lado. Si, en cambio, me garantizaran 50 años, la salud y lo material tendrían su peso en el plan. Pero ¿cómo se planifica para 10 años? Se trata de pensar la propia vida para un período no mayor que ése, no porque vayamos a morir al día siguiente, sino porque el día después del plazo cumplido, la mayor parte de lo que hayamos hecho ya no tendrá importancia, valor o significado. Sólo contará la posibilidad de la supervivencia. Que también es una pulsión vigente y fundamental en nuestra vida actual, pero no la única.
¿Cómo se viven los últimos años de la civilización sabiendo que en el mediano plazo vamos hacia la pérdida del sentido?

martes, agosto 22, 2006

Pero yo quiero...

Algunas etapas de la vida se rigen por este principio:
"No importa tanto la verdad como el deseo"

lunes, agosto 14, 2006

Consecuencias

Una de las consecuencias desagradables de la muerte, más o menos trágica dependiendo de los admiradores, detractores, críticos y enemigos que se hayan tenido en vida, es, sin duda, la pérdida del derecho a réplica.

miércoles, agosto 02, 2006

Sonriendo con ganas, nena

Leo sobre el viaje, sobre la escritura como viaje, viajo y más allá del paisaje (las montañas, el frío seco, la nieve, el sol brillante y magnífico) descubro un nuevo territorio en mí, una península de clima paradisíaco y cielo azul enclavada en un mar de emociones nuevas.
Soy feliz.
Llevo más de 20 años escribiendo desde esa usina de ideas y metáforas cínicas que es la tristeza. Algunas de mis mejores ideas surgieron de amores perdidos, de la solitaria incomprensión, de ver el mundo y no encajar en él. El mundo sigue siendo complicado, cruel e injusto, pero tengo mi pequeño oasis y estoy aprendiendo a disfrutarlo. Lo complicado es escribir desde la felicidad. Es facilísimo hacerlo desde el bajón, es muy productivo hacerlo sobre el bajón, pero no es mucho ni bueno lo que hay para escribir acerca de la felicidad. De compartir la propia alegría a caer en la cursilería y el poema barato hay menos de un paso.
La base del problema es que no puedo transmitir nada hasta no conocerlo primero, y no tengo muy en claro quién soy en este momento. Me resulto nueva, sonrío más, me paro más erguida y no sé adónde se han ido esos miedos que alimentaban mis cuadernos y mis documentos de word, ni qué nombre tiene toda esta dulzura compartida.
No tengo las certezas suficientes para ir más lejos. En este punto sólo hay preguntas. Acabo de descubrirme, pero sigo inexplorada.

martes, julio 04, 2006

No se tenseeeeeeeeeee!!!!

En este momento definiría el estrés como una mamushka de pesadillas de bajo vuelo. Sueño con una de mis obligaciones y despierto, agitada y sudando frío, en medio de otra obligación. Nada grave ni intolerable, solo pesado. E interminable.

miércoles, junio 28, 2006

Dos cosas buenas

Dos cosas buenas tiene el amor, ahora que lo voy conociendo:

  1. Exorcisa del dolor.
  2. La indignación sigue intacta.

Sí, hay miles de otras bellezas en el amor, pero estas no me las esperaba.

miércoles, junio 14, 2006

Frase

Inspirada por mi amigo Carlitos, sostengo:
Vida es el tiempo que te queda para editar tu epitafio.

Teniendo en cuenta la pasión de Carlitos por el lado oscuro de la vida, la idea me parece bastante optimista.

lunes, junio 12, 2006

Su nombre es Hans

Su nombre es Hans y nació en la Berlín capitalista. Tiene 28 años pero parece de 33; su piel muy blanca y seca lo hace ver mayor de lo que es. Usa pequeños anteojos que combinan con sus rasgos finos, el cabello muy rubio y los ojos claros, y contrastan a la vez con la espalda ancha y recta como una tabla. Es alto, muy alto y fibroso, tiene manos grandes pero gestos suaves. No le preocupa la ropa; cualquier remera y unas bermudas están bien porque son cómodas. En conjunto se ve como lo que es, un intelectual atlético. Un hombre atractivo. Pasó la adolescencia discutiendo con los compañeros de escuela criados en la derecha, recorriendo bibliotecas y cuanto paisaje natural pudo encontrar. Estudió biología y en la militancia ecologista encontró el cauce para sus dos intereses fundamentales: la inquietud por la humanidad y el respeto por el planeta. Trabaja en sistemas pero peleó hasta ganar una beca de investigación que lo trajo al sur del mundo para estudiar durante algunos meses el impacto de ciertas tecnologías contaminantes. Ha aprovechado este viaje para acercarse a Entre Ríos y conocer de cerca el conflicto con las papeleras. Vive en un albergue para estudiantes extranjeros en San Telmo, donde polemiza en castellano, alemán e inglés con otros europeos y latinoamericanos. De los tres idiomas prefiere el castellano, que todavía pronuncia con cierta dureza; el alemán puede hablarlo cualquier día en su casa. El inglés le resulta antipático porque le recuerda un breve viaje a Londres del que volvió separado de la que era su novia.
Es un hombre muy reflexivo y profundo, demostrativo pero no apegado. Se ríe con cierta timidez y se apasiona alegremente intercambiando ideas. No habla demasiado de su familia, que consiste en sus padres a los que quiere mucho y ve poco, y una novia de mentalidad muy abierta, algo mayor que él y activista de derechos humanos que está viajando por otra parte del mundo. No le gustan los deportes, prefiere las caminatas y tampoco sabe bailar; escucha música electrónica. Muy ocasionalmente fuma marihuana, elige una y mil veces la cerveza. Le gustan el teatro contemporáneo, las novelas históricas y los pensadores franceses actuales. Al igual que su novia, se inclina menos por la lealtad a la pareja que por la fidelidad a sí mismo. Siente enorme curiosidad por los matices de la sexualidad humana y está siempre dispuesto a nuevas exploraciones de gustos y límites.
Se bajó del subte en la estación Independencia y me quedé sin material para las conjeturas.

jueves, mayo 18, 2006

Comenzando, ya!

Madrugada, complicaciones y frío.
Ya va, ya va.
Tengan paciencia.